El 2018 se parece mucho al 2016

Hoy tenemos mucho para celebrar. Un nuevo día de tranquilidad cambiaria ha sido dejado atrás y no es para menos. ¿Te parece poco? A mí no. Acordate cómo han sido los días previos al Super Martes de la semana pasada, tanto en términos financieros como en términos cambiarios. Si hacés memoria, entonces vas a valorar fuertemente la calma que estamos viviendo desde el miércoles hasta la fecha.

En este sentido, creo que la disminución de la volatilidad, o su equivalente a mayor tranquilidad, es un paso necesario para matar la ansiedad, la incertidumbre y recuperar la “normalidad” que supimos tener en gran parte de 2017.

Sin embargo, pese a mis deseos de retornar a una situación bursátil (y económica) como la que vivimos el año pasado, creo que nos estamos encaminando hacia un año muy parecido al 2016. Hay muchos aspectos casi calcados que me gustaría comentarles a continuación.

Para empezar, el desplazamiento del tipo de cambio en lo que va del año se parece mucho al movimiento que observamos desde la salida del cepo a fines de 2015 y principios de 2016. Desde el 16 de diciembre de 2015 hasta el 31 de marzo de 2016, el tipo de cambio nominal se depreció un 49% contra el dólar. En tanto, desde el 1 de diciembre de 2017 a la fecha, el peso se devaluó un 39%.

Esto tuvo un impacto directo en el Tipo de Cambio Real Multilateral, que no es más que el valor del tipo de cambio respecto nuestros principales socios comerciales considerando un ajuste por la inflación. En términos simple, mide la competitividad real de nuestro tipo de cambio: cuanto más alto, más competitivo somos para exportar respecto esta variable.

Este tipo de cambios se encuentra hoy en el mismo nivel desde la salida del cepo cambiario:


En términos del tipo de cambio hoy la Argentina es igual de competitiva que lo que era hace dos años atrás. Desde ya que el principal desafío hacia adelante es evitar que gran parte esta devaluación se traslade a la inflación. Es lo que los economistas denominamos pass through: nuestra historia económica de los últimos cincuenta años muestra que, tarde o temprano, la suba del dólar se traslada al nivel general de precios.

El segundo punto en común que veo entre 2016 y 2018 es la magnitud del desvío de la inflación respecto la meta planteada por el Gobierno. En el primer año de Cambiemos, estimaron que el objetivo de suba de precios sería 25%, mientras que el dato real finalmente fue 41%. Eso implicó un desvío de 64%. Para el 2018, la meta de inflación es de 15%. Sin embargo, hay factores objetivos para considerar que estaremos cerca de un 24% de suba de precios para todo el año, lo que implica un desvío de 60%.

Considerando lo anterior, es muy probable que los salarios crezcan por debajo de la inflación en 2018, tal cual ocurrió en 2016. Eso nos da una pista sobre qué puede ocurrir con el consumo privado en Argentina en lo que queda de 2018, con su consecuente impacto en las acciones relacionadas con este sector.

Finalmente, el último punto de contacto fuerte entre el 2016 y el 2018 es el nivel de tasa de interés de corto plazo, medido por el rendimiento de la Lebac a 35 días. Con el salto en la última licitación del martes, este rendimiento se encuentra, incluso, por arriba del famoso 38% que supo regir en 2016.


Como observamos, existen muchos puntos de contacto entre 2016 y 2018. Obviamente, tenemos todavía siete meses por delante del actual año, aunque ya podemos detectar algunas señales sobre cómo debemos invertir una parte del portafolio en función de lo ocurrido en 2016.

Pasemos a eso…

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Sistemas IG

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