Blindaje en modo salvavidas de plomo

Pasaron 418 años desde que el dramaturgo inglés William Shakespeare escribiera el Mercader de Venecia, y desde entonces parecería ser que el sufrimiento del ser humano continua siendo un denominador común. Por aquel entonces, una libra de carne humana saldaba las deudas hoy en cambio, se pagan con una recesión e inflación atroz.

Las naciones que recurren al Fondo Monetario Internacional (FMI) no lo hacen para expandir sus economías y liderar un proceso de crecimiento sostenido. Por el contrario, el objetivo radica en poder estabilizar las variables macroeconómicas y así evitar un default con su consecuente estallido social. A estas alturas, queda claro que pedirle plata a este Organismo implica reconocer que algo o todo fracasó en la política macroeconómica de un país.

Sin embargo, con esto no estoy diciendo que el Organismo deba regalar plata sino crearía un incentivo para hacer las cosas mal. Sino lo que quiero transmitir es que las condiciones con la que concede los desembolsos de fondos son netamente recesivas en el 99% de sus programas.

La historia demuestra que tras un acuerdo con el FMI le sigue procesos recesivos con recuperaciones muy lentas. Esto no es casual, sino que la receta es siempre la misma. Una dosis de restricción monetaria, otra de ajuste fiscal, le sigue el mantenimiento de un piso de reservas internacionales netas y por último un paquete de reformas estructurales para cambiar la organización económica del país. El objetivo final es que el país recobre el equilibrio fiscal, externo y el crecimiento económico de manera permanente en un contexto de sustentabilidad financiera y de la deuda pública.

Si bien a prima facie para algún crédulo puede sonar una buena solución, la realidad indica lo contrario. Es como querer eliminar el mal de Chagas prendiendo fuego las casas con revestimiento de paja. A la vinchuca se la extermina, pero se paga un precio muy alto por ello.

Durante la última década, los países que solicitaron un salvataje del FMI fueron muy pocos. En nuestro continente al único que podemos encontrar después de nuestro país es Jamaica. El país caribeño logró disminuir sus déficits fiscal y externo y bajó la inflación a un dígito anual, pero el crecimiento económico es agónico ya que no crece más del 1% anual y el desempleo ronda el 10%.

Al otro lado del océano atlántico nos encontramos con Grecia. Su economía posee la asistencia del Fondo y de la Unión Europea, viene sorteando una crisis financiera y de deuda pública sistémica. Después de un derrumbe del PBI en 2011 – 2013 (acumuló una caída de 20% en tres años), la actividad estuvo estancada hasta 2016 y recién en 2017 y 2018 presenta variaciones positivas del orden del 1,5 / 2% anual.

Sin dejar el continente europeo, hallamos a Ucrania. Después de una crisis política y un conflicto territorial y económico con Rusia, esta economía cayó en una crisis económica y recurrió al FMI en abril de 2014 (más el complemento financiero de la Unión Europea, EE.UU. y el Banco Mundial). Firmaron un acuerdo stand – by con el Fondo por dos años (hasta 2016). Se renovó por tres años más (2016 – 2018) pero desde fines del año pasado el FMI suspendió los desembolsos por incumplimiento de algunas de las metas del programa.

Salvando las diferencias históricas, políticas y económicas, el programa macro convenido fue muy parecido al de la Argentina: reducción del déficit fiscal primario, (con foco en el déficit de la empresa estatal de gas) reducción de los subsidios al precio del gas con tarifa social, tipo de cambio flexible, metas de expansión monetaria, un piso de reservas internacionales netas, más algunas reformas estructurales (nueva ley de contratación pública, aumento de la transparencia gubernamental, etc.).

Durante el período que va desde el 2014 y el 2017, Ucrania, logró reducir su déficit fiscal total (incluyendo la empresa estatal de Gas) de 10 puntos del PBI a 3 puntos. Achicó su déficit en cuenta corriente externo de 4 a solo 3 puntos del PBI. Expandió la moneda a un ritmo de un solo digito anual. Bajó la inflación de 48% a 10% anual, acumuló reservas internaciones en el Banco Central desde apenas US$ 7 mil M a más de US$ 20 mil M. Pero la performance del PBI fue pobre. Después de una doble y muy fuerte caída de 6,6% en 2014 y 9,8% en 2015, inició desde 2016 una recuperación a un ritmo de 2 / 3% anual.

Si bien las comparaciones entre países no siempre resultan ser felices dado por la divergencia de sus sectores productivos, los programas con el FMI tienen un denominador común: desde el minuto cero, generalmente son recesivos y en la medida que las macroeconomías tienden a normalizarse, las salidas tienden a ser lentas. De hecho, “se festeja” cuando un país crece un año 3%.

En síntesis, el FMI es como la morfina, actúa de analgésico para aliviar el dolor, pero no cura. Veremos cómo tracciona la economía de ahora en más y si esta historia puede tener final feliz. Esperemos que así sea, por el bienestar de todos.

Un saludo cordial.

Germán  Fuentes

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