El anónimo más famoso del mercado

Las historias de Wall Street me encantan, no solo porque me fascina la ciudad de New York sino también por la trascendencia y vigencia de las mismas. Desde mis inicios como asesor e inversor bursátil he leído y escuchado cientos de historias de personas que se hicieron ricas y otras que han quebrado.

La historia de la que le voy hablar hoy es la de un personaje que para su época fue muy conocido e influyente al mismo tiempo. Pero más allá de todo, lo más importante es que nos deja una enseñanza crucial.

Si le menciono el nombre de Patrick Bologna, lo más probable es que la primera imagen que se le venga a la cabeza es la de la salsa bolognesa. Pero si le digo que probablemente es el sujeto que dio origen a una famosa cita bursátil, la historia cambia:

“Cuando los limpiabotas le hablan de cómo hacerse rico, es el instante en el que tienes que recordar que no hay momento más peligroso para pensar que puedes obtener algo a cambio de nada”.

Esta cita se atribuye erróneamente a diferentes personas, como el inversor Bernard Baruch o Joseph Kennedy, el padre del presidente de los Estados Unidos, que fue un ávido especulador y tuvo una experiencia similar a la de Baruch.

Pero no es así…

Cuando Estados Unidos estaba completamente enfrascada en el gran rally bursátil de finales de los felices años 20, los consejos o soplos bursátiles sobre cuales acciones comprar o vender eran una constante en el subte, las peluquerías, taxis, supermercados, discotecas y restaurantes. Estaban en todos lados y todo el mundo tenía un soplo o chisme bursátil que quería compartir con los demás.

Esta salvaje fascinación del público por el mercado de valores, como Wall Street comprendería a posteriori, sería la mejor señal del inminente crash bursátil que estaba a punto de ocurrir en 1929. Pero muy pocos entendieron esto a tiempo.

Patrick Bologna, autoproclamado como “El Limpiabotas de Wall Street” para un puñado de especuladores muy perspicaces, personificó ese loco fervor del público por las acciones.

Bologna, en su servicio de limpieza cerca del número 60 de la calle Wall Street, ofrecía a sus clientes algo más que brillo en sus botas a cambio de 10 centavos. Cuando uno se sentaba en su silla, aparte del servicio esperado podía recibir, si se deseaba, una buena gama de consejos bursátiles para comprar o vender acciones. Y, por si fuera poco, la información confidencial que los ejecutivos de Wall Street le confiaban cuando se sentaban en su silla, se convertía en nueva y jugosa información que Bologna transmitía a los demás clientes. Las fuentes de Patrick Bologna venían de hombres prominentes en los mercados.

No pasó mucho tiempo, hasta que, por un solo consejo bursátil, Bologna ganaba más en 5 minutos haciendo de asesor financiero, que lo que recaudaba limpiando zapatos sucios en todo el día.

Y no conformándose con ese dinero extra que hacía, decidió invertirlo en bolsa siguiendo los propios consejos bursátiles que daba a terceros. Suya es la frase “mi dinero siempre se queda en esta calle, es el mejor lugar del mundo donde puede estar”.

Según la leyenda, uno de esos soplos bursátiles hizo desencadenar en Joe Kennedy un gran interés por vender todas sus posiciones bursátiles unos meses antes (algunas referencias dicen días) de que aconteciera el más famoso y más profundo crash de todos los tiempos, el de 1929.

Una mañana, mientras Joe Kennedy iba calle arriba en Wall Street se dio cuenta que Bologna no tenía clientes en ese momento y que andaba ojeando el Wall Street Journal. Aprovechando el vacío, se sentó en la silla de madera y posó sus zapatos en el reposapiés mientras Bologna dejaba el periódico a parte y tomaba sus cepillos. Tras un saludo cortés y mientras el lustra botas hacía su trabajo, el italoamericano le preguntó a Joe si deseaba un buen soplo bursátil, a lo que Kennedy asintió.

Bologna le aconsejó a Kennedy “compra petroleras y ferrocarriles, van a subir hasta el cielo, un tipo que estuvo aquí esta mañana me ha dado esta información con muchos detalles confidenciales”.

Tras acabar con la limpieza y los consejos, Kennedy le dio las gracias a Bologna, le dio un cuarto de dólar y se fue pensando que, si un chico que limpiaba botas andaba ofreciendo predicciones, aquello solo podía significar que el mercado estaba fuera de control.

Esa misma noche, Kennedy le contó a su mujer que iba a empezar a vender todas sus acciones y que lo haría rápido. Leyenda o no, lo cierto es que Kennedy mantuvo su fortuna intacta a lo largo del crash de 1929 y su consiguiente mercado bajista. De hecho, no solo la mantuvo intacta, sino que la incrementó apostando a la baja a medida que los precios descendían más a lo largo de aquéllos terribles meses del principio de la Gran Depresión.

Y si estos ilustres especuladores vieron incrementada su fortuna, Bologna perdió todos sus ahorros durante el crash de la bolsa, unos 8.000 dólares o unos 100.000 dólares según el poder adquisitivo de 1982, año en el que dio una entrevista a la revista Forbes y en la que respondió a la pregunta de qué hizo tras perder todo su dinero, diciendo: “Tenía 21 años. Me agarré una borrachera ¿qué más podía hacer?”.

Bologna, fue la personificación del llamado en inglés “hot tip” (en español podría ser “soplo bursátil”). Y los soplos son propios de las masas que siempre se equivocan en los grandes puntos de giro del mercado y están en lo cierto en mitad de un movimiento, pero que al final el resultado global es por debajo de la media.

Nunca hubo un soplón con mayor impacto que Patrick Bologna, aunque nadie recuerde su nombre. Mucha gente ha escuchado de primera mano que Baruch o Kennedy tuvieron una relación con un limpiabotas que les hizo meditar y pensar a la contra de los tiempos. Pero es materialmente imposible saber si el limpiabotas, efectivamente era Bologna. En todo caso, lo que nos enseña la vida de Bologna, es que el dinero fácil, simple y llanamente, no existe.

Si bien el tiempo pasó, y la comunicación cambió, los chismes o soplos bursátiles siguen existiendo y mutaron de un limpiabotas a un mensaje en Twiter, Facebook u otra red social. Hoy es muy fácil encontrar recomendaciones de inversión por todas partes. El peligro sigue siendo el mismo, no saber lo que se está haciendo. Solo la disciplina y el trabajo duro hace rico a un inversor.

Por un trade exitoso,

Germán

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Sistemas IG

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