El futuro del vino: El mercado le pone su precio

“El vino es poesía embotellada” …

Aquellos que somos amantes del vino, sabemos que esta bebida es mucho más que solo la bebida. Generalmente el vino cuenta la historia de la gente que lo produce y de la zona en donde se cultiva la uva.

Si alguna vez fueron a una bodega, sabrán con la pasión con la que se llevan adelante los vinos que se producen y el amor que cada una de las botellas posee.

La semana pasada, asistí a un evento sobre los avances y los principales proyectos relacionados con las criptomonedas y el blockchain en Argentina.

Dentro de la enorme cantidad de proyectos que vi, hubo uno que me pareció de lo más fascinante. No solo por proponer un modelo de negocio totalmente nuevo, sino porque además se trataba de una de las cosas que cada vez me apasionan más: El Vino. Mike Barrow, es un ingeniero informático norteamericano que decidió mudarse a Mendoza hace más de 10 años y dedicarse a la producción de vinos orgánicos en su bodega Costaflores

Pero lo que Mike decidió, es crear la primera bodega totalmente abierta (Open source) del mundo y con la primera criptomoneda respaldada en vino en un proyecto llamado Openvino.

Cuando hablamos de una bodega abierta, nos referimos a que comparten absolutamente todo lo que sucede en el viñedo, en la bodega y hasta en el negocio.

Utilizan sensores ambientales, conectados a través de IoT, para registrar la cantidad de agua, e el calor y demás datos del suelo y la tierra. Se registran además todas las actividades que los trabajadores realizan en el día a día, y las cámaras cargan videos y fotos de todo lo que sucede. Finalmente, toda esta información, junto con la contabilidad, ventas y gastos, etc. son publicadas día a día en internet para que cualquier persona pueda acceder.

Hablamos de una transparencia absoluta.

La idea de Mike es que cualquiera pueda corroborar, no solo que la bodega es efectivamente orgánica (un mundo donde existe mucho truco publicitario), sino además que todo el mundo pueda conocer los costos y el trabajo que cada una de las botellas posee. Al publicar toda esta información bajo la tecnología de Blockchain, es información que nunca podrá ser modificada, asegurando su integridad eternamente.

El problema con el vino es que uno no sabe hasta el momento del descorche, el valor real que tiene esa botella. Hasta que no lo bebemos, no sabemos si el vino es bueno y si realmente vale lo que se pagó por él.

Tampoco podemos saber si lo que el productor nos dice es realmente así. Por más que haya inspectores que certifiquen la producción del vino ¿Cómo podemos realmente creerles? Ellos van una vez al año y apenas si ven el viñedo ese día…

Esto es uno de las cosas que Openvino están solucionando con su revolucionario proyecto.

La Criptomoneda del vino

La segunda pata de este proyecto es la criptomoneda respaldada por vino. A mi entender esta idea es aún mucho más interesante que el hecho de publicar en blockchain el total de la información de la bodega.

Muchos de los proyectos que vemos en el mundo de las criptomonedas, son difíciles de entender para la mayoría de las personas. Es difícil hacerlo cuando no vemos algún objeto real que podamos entender detrás de cada moneda.

Pero una botella de vino es real y clara para todos.

Cada año, al terminar la cosecha en el mes de abril la bodega ya conoce cuantas botellas de vino serán producidas ese mismo año. En el mes de mayo se emite una criptomoneda por cada botella que será producida, de esta forma cada moneda tiene su respaldo en vino. Una botella de vino equivale entonces a una criptomoneda.

La idea es que es el propio mercado sea el que determine el precio de cada una de las botellas de vino. El valor del vino debería reflejar la calidad del vino, tanto como la oferta y la demanda, y eso es lo que Openvino busca.

Por eso cada año, se emitirán nuevas criptomonedas dependiendo de la cantidad de vino que se produzca, con la aclaración del año para diferenciar las añadas. Por ejemplo, este año se emitió la MTB18.

El valor inicial de la moneda para aquellos, que ingresen en el ICO, es al coste de la producción. Recordemos que toda la información de producción es totalmente pública. Entones no se está obteniendo ninguna ganancia inicial por cada botella de vino. Al poco tiempo las monedas se encuentran disponibles para ser compradas y vendidas en exchanges de criptomonedas.

Cuando el vino de ese año esté listo para consumir (3 años después de su cosecha) podrán comprarse las botellas utilizando las criptomonedas.

Existen personas que querrán comprar las criptomonedas como forma de asegurarse la botella de vino y poder beberla. Otros compraran las monedas para revender las botellas (por ejemplo, alguna vinotecas o restaurantes), y otros simplemente compraran las monedas como una forma de especulación financiera.

La interacción de todas estas personas que conforman el mercado, determinará el valor que cada botella tendrá.

De esta forma si la calidad del vino es buena, las vinotecas, restaurantes y compradores aumentarán su demanda y harán que el precio del vino suba. Si el precio sube por sobre el valor real del vino, se reducirá la demanda reduciendo el precio.

Si por el contrario la calidad del vino no es muy buena, el precio de la moneda caerá, regulando el precio de la botella. Si cae demasiado, su demanda aumentará funcionando como un contrapeso para una excesiva caída del precio de la botella.

Esto es lo que me pareció increíble como modelo de negocio. Hablamos del mercado dándole valor al vino en base a lo que considere justo.

Recordemos que es una bodega que hoy en día exporta la mayor parte de su producción.

Por último, se incorpora una aplicación para medir la calidad de la botella. La única forma de que todos podamos saber si el vino vale la pena, es si conocemos las opiniones de aquellos que lo hayan degustado.

Entonces, la idea de Mike es que los consumidores, en una aplicación, contesten unas preguntas del vino (¿Qué les pareció? O ¿Dónde lo tomaron?) y luego incluyan una selfie con la botella. A cambio, recibirán algún beneficio a modo de incentivar a los consumidores a dar su opinión.

El objetivo final es verificar la calidad del vino.

No sabemos si el proyecto finalmente funcionará, aunque la idea sea brillante es la calidad del vino la que hará funcionar o no esta idea.

De lo que estamos seguros es que veremos este tipo de proyectos de aquí en adelante.

Me despido por esta semana con una consulta…

“El que al mundo vino y no toma vino, ¿a qué vino?”

Saludos Cordiales.

Ariel Walovnik.

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