La peor amenaza para los mercados

El viernes pasado, a las 19hs, cuando gran parte de los inversores “bajaba la persiana” de una semana positiva para el mercado local, yo tuve la oportunidad de seguir hablando de inversiones.

El marco fue uno de los programas de radio más importantes del mercado local, After Markets, en donde se discuten ideas de fondo para la Bolsa porteña y se analizan los eventos más importantes de la coyuntura.

El centro del debate estuvo centrado en si el Merval ya había tocado su punto de inflexión o no durante la actual corrección. Cada uno de los invitados señaló, con distintos argumentos, que los precios de los activos locales estaban baratos y que de no mediar cuestiones extraordinarias podría ser un buen punto de entrada con vista a una inversión de tres o cuatro años.

Cuando finalizó el programa (pueden escucharlo en su totalidad acá), me fui a buscar el auto y me quedé pensando todo el camino a casa sobre la gran amenaza que hay para todos los mercados en la actualidad.

Como todo el programa de After Markets giró en torno a Argentina, poco pudimos hablar del contexto internacional. Y particularmente creo que allí reside el principal riesgo que puede poner al descubierto cualquier estrategia que uno pueda armar para el mercado argentino.

Durante los últimos 10 años, como mínimo, el mundo se acostumbró a vivir sin inflación. Argentina es uno de las pocas excepciones a la regla, pero créame que la suba generalizada del nivel de precios no ha sido ninguna preocupación para el globo en su conjunto.

Niveles de inflación promedio anual por debajo del 4% es lo que permitió a los principales bancos centrales del mundo salir de la crisis financiera con tasas de interés por el piso y una gran inyección de liquidez. Así, la recuperación global se potenció rápidamente por el estímulo monetario sin tener la amenaza de una inflación capaz de deteriorar el poder adquisitivo y hacer abortar la estrategia de “dinero gratis” por parte de las autoridades monetarias más relevantes del globo.

Esto también fue un gran aliciente para la recuperación de las acciones a nivel global. Como la tasa de interés estaba muy baja, las cotizaciones de la renta variable se vieron favorecidas por dos cuestiones centrales:

1. Los bajos rendimientos de los bonos, que tienen una relación directa con la tasa de interés, hizo que una parte importante de inversores aficionados a la renta fija tengan que buscar retornos atractivos en otros instrumentos, entre ellos, las acciones, generando una mayor demanda.

2. El bajo costo del dinero llevó a que muchos inversores tomaran “apalancamiento” para redoblar su apuesta por las acciones. Si bien es algo que no aconsejo de ninguna manera (endeudarse para comprar acciones) lo cierto es que este efecto estuvo presente en el gran mercado alcista que estamos experimentando desde 2009.
Sin embargo, hacia adelante, esto puede llegar a alterarse fuertemente…

Durante el 2018, la economía de Estados Unidos fue la locomotora del crecimiento mundial. Las políticas de incentivos que aplicó Donald Trump, como la rebaja agresiva de impuestos o el mayor gasto en infraestructura, ha dado sus réditos en materia de expansión económica.

Sin embargo, esto es a costa de desequilibrios elocuentes, como el mayor déficit fiscal y de intercambio comercial, pero sobre todas las cosas generando presiones inflacionarias evidentes en el mercado laboral.

Con una tasa de desempleo instalada por debajo del 4% hace ya unos meses, la oferta laboral es cada vez más escasa y, en una economía que no frena en el corto plazo, los salarios comienzan a subir fuertemente por encima del rango de comodidad que monitorea el Banco Central de Estados Unidos (Reserva Federal).

En este sentido, creo que la aceleración de la inflación en Estados Unidos, como consecuencia de un crecimiento sostenido de los salarios, es el riesgo más grande para las Bolsas hoy en día.

En el último dato de empleo, dado a conocer el viernes último, los salarios avanzaron un 3,1% interanual, la mayor tasa de expansión desde 2009. Es un alerta que hay que seguir de cerca.

Con estos datos es entendible la preocupación de Jerome Powell, presidente actual de la Reserva Federal, por dejar en claro que la entidad actuará con fuerza para mantener el control de la inflación dentro del rango tolerable.

Por esta postura, el propio Donald Trump atacó al funcionario que él mismo propuso hace poco menos de un año, señalándolo como “loco” por querer subir la tasa de interés tan rápido, lo que afecta al nivel de crecimiento económico y a los mercados de acciones.

Más allá de esta chicana, como inversores debemos estar atentos a los acontecimientos de fondo, ya que el combustible (la tasa de interés) que potenció el mercado alcista durante nueve años puede ser el responsable de un incendio que puede afectar su ahorro en algún momento en el tiempo.

A su lado en los mercados,

Diego Martinez Burzaco

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