Tres preguntas (y respuestas) básicas antes de empezar a invertir

Romper la inercia.

¿Cuántas veces hemos escuchado esta frase en distintos hábitos de nuestras vidas?

Cuando uno desea comenzar a emprender una nueva actividad, lo primero que debe hacer es salir de la zona de confort y ponerse en movimiento. Sin esto, es imposible dar inicio a cualquier situación diferente a la que veníamos atravesando. Puede ser el caso de comenzar una dieta, el gimnasio, un curso de cualquier índole, una cerrar universitaria, etc.

Para todo esto se necesita romper la inercia, primero, y luego tener persistencia.

En materia de la inversión bursátil pasa exactamente lo mismo. No hay atajos y se requiere salir de la zona de comodidad en la que cualquier ahorrista podría encontrarse, sea comprando dólares o haciendo un plazo fijo.

Las anteriores estrategias son de ahorro más que de inversión. Déjeme explicarle por qué.

En el primer caso, cuando uno compra dólares se protege de una eventual devaluación de la moneda doméstica (peso argentino), pero si esas divisas no las invierte siempre tendrá la misma cantidad de dólares. Y ese dinero también va perdiendo poder adquisitivo porque en el mundo hay inflación en dólares.

En el segundo caso, históricamente los rendimientos de los plazos fijos han estado por debajo de la inflación en nuestro país. Así, históricamente el ahorrista ha perdido poder adquisitivo con este instrumento. En la actualidad, las tasas actuales son una excepción, pero me temo que en algún momento volveremos a la historia de siempre del ahorrista empobrecido.

Por estos motivos, el ahorrista debe romper la inercia para convertirse en inversor. Para dar ese salto, se debe tener algunas nociones básicas bien resueltas.

¿Qué es invertir…?

Es la actividad a partir de la cual logramos capitalizar nuestros ahorros en el mediano / largo plazo de manera tal que podamos comprar más bienes y servicios en el futuro.

Tan simple como eso.

Entiendo que para muchos invertir puede parecer una actividad compleja, sobre todo cuando se da los primeros pasos en el mundo de las inversiones y las finanzas personales. Créame que miedos hemos tenido todos al comienzo, pero los mismos se superan con adquisición de conocimiento, experiencia y dando pasos en firmes.

Si esto no es suficiente, voy a intentar ayudarlo en estas etapas iniciales. Una técnica que me funcionó muy bien en mi caso personal tuvo que ver con el hecho de hacerme tres preguntas bien básicas y sencillas. Si estaba en condiciones de responderlas adecuadamente, entonces podía comenzar a probarme el traje de inversor.

Avancemos con las mismas…

1. ¿Para qué invierto?
En muchas ocasiones la persona en cuestión no tiene identificado en absoluto el motivo principal por la cual llevar a cabo una determinada inversión.

Para algunas se trata de un juego, para otros un divertimento o quizás el motivo principal sea para innovar. Si no tiene en claro su objetivo, seguramente su probabilidad de perder dinero o claudicar ante los mercados será mucho más elevada.

Uno como inversor puede tener múltiples objetivos: desde menos ambiciosos, como tener más poder de compra para poder disfrutar el dinero en vacaciones futuras u objetivos más importantes como el hecho de armar un fondo con el objetivo de financiar el estudio de sus hijos o adquirir su vivienda propia.

Para todos los casos, resulta indispensable saber cuál es el motivo por el que estoy invirtiendo.

2. ¿Cuál es el riesgo que quiero correr?
Como en cualquier actividad, en lo respectivo a lo bursátil existen distintos niveles de riesgo. El menú de inversión es muy amplio, con una oferta casi infinita de instrumentos de inversión. Desde bonos, acciones o ETF, pasando por monedas, commodities u otros derivados.

Cada activo financiero en particular tiene un nivel de riesgo distinto, que se asocia con un retorno esperado diferente.

Resulta imprescindible entender en qué estoy invirtiendo cuando llevo adelante una estrategia y si ese instrumento está acorde a mi tolerancia de riesgo. De esta manera, estaré seguro de que no estoy asumiendo más riesgo al tolerable.

3. ¿Por cuánto tiempo invierto?
Un inversor organizado es uno más inteligente que el resto. Tiene una ventaja intangible que le permitirá alcanzar mejores resultados. Quien tiene una estrategia que mantiene a lo largo del tiempo, de manera consistente y confiable, sentirá más confianza en las decisiones de portafolio.

El horizonte temporal de la inversión es clave, lo que nos lleva a preguntarnos: “¿Voy a necesitar pronto el dinero que estoy invirtiendo? ¿Puedo invertir a más largo plazo?”

Seguramente, el plazo de inversión estará muy alineado con los objetivos que uno se plantea. Para aquellos más ambiciosos, que requieren de mayor tiempo de maduración, los tiempos serán más largos y las estrategias aplicadas alineadas a estos motivos. Una cartera de inversión puede segmentarse en distintas inversiones a diferentes plazos que sean compatibles con los objetivos de corto, mediano y largo plazo que nos planteamos.

Eso es subjetivo a las necesidades de cada uno. Lo que es totalmente objetivo para poder avanzar con un riesgo más acotado es estar en condiciones de responder cada una de las tres preguntas descriptas anteriormente.

Si está en condiciones de hacerlo, su salud financiera (y la de sus ahorros) se lo agradecerá.

A su lado en los mercados,

Diego Martinez Burzaco

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Sistemas IG

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