El secreto mejor guardado de un asesor financiero

¿Qué es invertir?, me preguntó el hijo de un amigo de 7 años de edad en un asado el pasado domingo. Le dí una respuesta para salir del paso sin que sonara demasiado técnico para él, aunque luego me quedé pensando largas horas sobre ese proceso llamado inversión.

Invertir no es exactamente encontrar la próxima acción que multiplique por 10 su valor (“ten bagger” según la nomenclatura de Peter Lynch). Tampoco implica tener en la cartera los fondos comunes que estén de moda. Y menos aún denominarse un inversor de largo plazo, como si todo esto se tratare de una religión o de un partido político.

Invertir, en primer lugar, es saber cuáles son sus objetivos financieros de largo plazo. En segundo término, implica conocer los mercados para saber qué se puede esperar de ellos. Y, finalmente, en base a sus objetivos y el conocimiento que haya incorporado, tener la psicología o enfoque personal adecuado en las inversiones. Todo lo demás es secundario y hasta bastante folclórico.

Por otra parte, sepa que tanto los jugadores de Wall Street como de la Bolsa argentina quiere su ahorro más que nadie, porque a partir de él puede cobrarle una comisión por operación y otra por mantenimiento de cuenta comitente. Poco le importa si usted gana o pierde dinero ya que es, al fin y al cabo, simplemente un número. Esto no es nada personal contra usted, es así como funciona el sistema y el esquema de incentivos humanos.

Mi experiencia indica que para alcanzar sus metas financieras, no hay nada mejor que el consejo de un buen asesor en inversiones. Un necesita de aquella persona que le pregunte cuál es su situación de vida, qué patrimonio tiene, qué espera hacia el futuro, cómo son sus relaciones con el dinero y su estilo de vida. En base a esto, determina sus objetivos financieros de corto, mediano y largo plazo.

Esa persona podrá ayudarlo a establecer sus metas financieras alcanzables, capacitarlo para el entendimiento de los mercados como así también brindarle atención psicológica.

Con metas u objetivos financieros, nos referimos a qué tipo de inversiones se van a necesitar. Dependiendo de cuáles sean, su cartera puede variar radicalmente.

Respecto al entendimiento de los mercados no se logra leyendo un post o un libro, sino que necesitan años y experiencia o al menos la ayuda de alguien que le supla con ello.

Por último, la atención psicológica, es el que da un consejero para que no compras o vendas motivado por arranques emocionales, ya que estos se suelen llevar a cabo en los peores momentos.

Si no se tiene esto, entonces será lo mismo que estrategia o fondo elija porque va a cometer tantos errores, que da igual si elige los fondos conscientemente o tirando un dardo en una lista de fondos. El primer enemigo de un inversor es su ignorancia.

Y la ignorancia no se cura inviertiendo en “los mejores fondos” o en las “estrategias de moda”, sino buscando un buen asesor, cercano, honesto y con los intereses alineados con usted. Lo malo es que habrá buenos y malos asesores, así que hasta esto es un esfuerzo importante. Pero es tan importante que no debería escatimar ese tiempo y trabajo.

El tiempo que emplee en encontrar y trabajar con un buen asesor si es que usted no es un inversor profesional o muy avanzado, le servirá para ganar experiencia y a entender cómo funciona el mercado. En cuanto a inversión se trate, será mejor centrase al principio en el largo plazo, y no confundir lo principal por lo accesorio.

En síntesis, el camino de todo inversor que recién se inicia es sinuoso y largo. Solo la planificación, la paciencia, la prudencia, la perseverancia y el consejo de un buen asesor sera de ayuda para acortar las distancias entre un inversor aficionado y un profesional. 

Germán Fuentes

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