La verdad incómoda (Parte I)

• Suavizar el Ajuste
• Los Bancos Centrales son los culpables
• El Mercado es el que manda 

Si bien el capitalismo no es el mejor sistema económico, la historia demuestra que es el menos malo de todos. De una crisis se puede salir por las “buenas”, es decir sufriendo lo menos posible, o por las “malas”, pagando el verdadero precio de los errores cometidos. Pues bien, hace ya varios años que nos vienen acostumbrado a que suframos de “a cuotas”, en vez de sufrir de “una” y vivir bien por años.

Esto pasa en Argentina, pero también en el mundo.

Los Bancos Centrales ponen a las economías en modo “grogui”, permitiendo que mientras haya música siga la fiesta y se pongan las dificultades y ajustes debajo de la alfombra. En definitiva, los bancos centrales son cómplices de las economías zombies.

Hace años que la economía norteamericana recibe un cocktail de drogas compuesto por: anabólicos de deuda, mezclado con bajas de tasas de interés e inyección monetaria. Todo esto no es más que “droga”, la cual le brinda una sensación de bienestar de corto plazo pero que, en lugar de solucionar los problemas de fondo, no hace más que gestar crisis a futuro.

Pero la verdad nadie la quiere escuchar ya que incomoda: los Bancos Centrales del mundo no trabajan para la economía sino para el Mercado.

Tasas bajas e inyección monetaria inflan los balances de las compañías y ponen feliz a Wall Street. Cuando llega la hora de empezar a pagar los costos de la fiesta, los osos aparecen y tumban el Mercado.

Durante años, los críticos de las políticas monetarias laxas que ejecutaron los bancos centrales han sido descartados de cuajo, pero la realidad no hace otra cosa más que darles la razón. Las subas de las bolsas siguen siendo un juego de liquidez artificial, con una Fed encargada de apuntalar el crecimiento inorgánico de la economía.

La evidencia demuestra que los mercados no pueden permanecer haciendo nuevos máximos sin la intervención de la autoridad monetaria. Acá le dejo mi explicación… 

En marzo de 2009, una vez estallada la crisis de las hipotecas subprime, los mercados comenzaron a reaccionar al alza gracias al primer paquete de estímulo monetario conocido como Quantitative Easing (QE1) introducido en noviembre de 2008.

El mismo consistía en que la Fed compraba bonos en tenencia de los bancos a cambio de efectivo. Con ese “cash” los bancos limpiaban sus balances y pasaban a tener capacidad prestable de forma tal de poder financiar a las firmas y a las familias con el fin de reactivar la economía. Recordemos que esto nunca se había hecho y que, en 1929 ante un escenario de similar magnitud, la Fed prefirió dejar quebrar a 5.000 bancos en vez que el contribuyente pagase la fiesta que hicieron los bancos durante casi toda la primera década del siglo XXI.

Como si eso fuese poco, no solo hubo un QE1, sino también existieron los QE2, Operación Twist (vender bonos de corto plazo y comprar los de largo, de forma tal de aplanar la curva con la intención de bajar los costos de financiamiento) y los QE3, cada vez que el Mercado corregía a la baja.

Es más, cuando el Mercado se desplomó en 2015 y 2016, los bancos centrales mundiales se embarcaron del mayor esfuerzo de intervención combinado en la historia, con una suma de más de $ 5 trillones entre 2016 y 2017, lo que nos da un total de más de $ 15 trillones en los balances de los Bancos Centrales, cortesía del Federal Open Market Committee (FOMC), el Banco Central Europeo (BCE) y el Banco Central de Japón (BOJ).

Warren Buffet es conocido por ser uno de los mayores y mejores inversores financieros de todos los tiempos. Es una de las voces más escuchadas a la hora de hablar del mercado de acciones o de cualquier activo.

De las cosas que más suele destacar Buffet es de la importancia de invertir en el largo plazo, y sobre todo de hacerlo en negocios que podamos entender y por lo tanto imaginar en unos años. La idea de fondo es que una inversión puede sufrir efectos negativos en el corto plazo y hacernos perder, pero en el largo plazo esos efectos se ven diluidos (si la elección de la empresa fue la correcta).

Por eso siempre dice que “La incertidumbre es en realidad la amiga del inversor a largo plazo.” El miedo y la incertidumbre de los que invierten a corto plazo, prepara el terreno para aquellos que lo hacemos para el largo.

Con esta idea, hacia finales de 2008, Buffet realizó una apuesta para comprobar qué produciría mayor retorno en una década: invertir en un fondo que replica la evolución del índice bursátil estadounidense S&P 500 o invertir el dinero en fondos de inversión gestionados por los profesionales más talentosos de la industria.

Buffett lanzó el guante en una carta publicada en 2007, y el único que lo recogió fue Ted Seides, fundador de la firma Protégé Partners. Mientras que Warren Buffett escogió como arma para el duelo el fondo cotizado Vanguard S&P 500 (con funcionamiento muy básico y comisiones bajísimas), Seides seleccionó cinco de los mejores hedge funds. Los mismos no son aptos para todos los públicos por su alto grado de complejidad y riesgo.

Otro de los argumentos de Buffet para esta apuesta (además del largo plazo) viene de la mano de una de sus más famosas frases: “Wall Street obtiene sus beneficios de la actividad, pero el inversor los obtiene de la inactividad.”

Lo que quiere remarcarnos es que Wall Street hace dinero cada vez que compramos y vendemos acciones u otros productos financieros. Sin embargo, nosotros como inversores ganamos dinero cuando compramos buenos negocios a buen precio y nos quedamos con ellos indefinidamente.


En noviembre de 2017 comenzó el programa conocido como Quantitative Tightening (QT) o contracción monetaria. A diferencia de lo anterior, La Fed de forma “acomodaticia” sale a vender los bonos comprados en los programas antes mencionado, de manera de limpiar su Hoja de Balance.

Y adivinen qué pasó…

Casi un año más tarde, en septiembre de 2018, remueve la palabra “acomodaticia” de sus informes de política monetaria e intensifica la venta de bonos y el S&P 500 se frena marcando su máximo histórico.


Y en Alemania… ¿Cómo anduvieron las cosas?

Los bancos centrales globales que habían hecho el trabajo “sucio” para la Reserva Federal entre 2016 y 2017 agregando cada vez más liquidez artificial, hicieron que el BCE desacelere su programa de QE y finalmente lo termine a fines de 2018.

¿Cómo manejó el DAX toda esa eliminación en la liquidez artificial?

Mal. 


El máximo del DAX ocurre en enero de 2018 momento en el cual el ECB comenzaba a reducir su programa de expansión monetaria. Desde entonces este índice acumula pérdidas en torno al 21%, situándose en un terreno de mercado bajista (bear market).

En síntesis, como habrá notado hasta acá, es el mercado el que le “marca” la cancha a los Bancos Centrales y no al revés.

Veámoslo desde otra perspectiva.

Toda crisis económica requiere de respuestas urgentes. La primera y más apropiada consistente en bajar la tasa de interés de referencia que usa un Banco Central.

La economía norteamericana se encuentra en pleno empleo, con una capacidad de producción en máximos, pero con una tasa de interés por debajo de lo deseable.

Esto es un problema, dado que en caso de entrar en recesión la Fed tendrá menor poder de maniobra del cual tuvo durante 2008.

Recordemos que por aquel entonces, la tasa venía del 4,75%, y para diciembre de 2008, Ben Bernanke la llevó a (0%-0,25%).

Hoy Jerome Powell tiene la tasa de interés en (2,25%-2,5%). En caso que necesite bajarla, su poder de fuego será más acotado. Esperemos que esta vez, la Fed no ceda a las presiones del mercado y continúe con su programa habitual de suba de tasas de los Fondos Federales.

Más allá de que al Sr. Mercado no le guste la suba de tasas de interés, y reaccione con caídas, lo que se pone en juego es la sustentabilidad de la economía global de los próximos años.

Por un trade exitoso,

Germán Fuentes

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Sistemas IG

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